El frio y la polución ambiental son unos de los principales enemigos del ser humano, esto porque la contaminación atmosférica y las bajas temperaturas no solo favorecen a las enfermedades respiratorias, sino que también afectan nuestra piel. La dermis, que actúa como barrera frente a las agresiones ambientales, acusa rápidamente el efecto a la exposición de la mala calidad del aire y heladas, y puede tener diversos efectos y consecuencias como dermatitis, rugosidad, sequedad, flacidez, inflamaciones, casos de rosácea, bolsas en los ojos y un aceleramiento del proceso de envejecimiento cutáneo, entre otros.

Respecto a quienes están más propensos, niños, adultos o ancianos, hombres o mujeres, cabe destacar que todos estamos expuestos de la misma manera y a los mismos daños, pero las pieles más sensibles y secas, las que tienen daño o enfermedades, tienen más riesgos y suelen ser más propensas al enrojecimiento cutáneo, ya que tienen menos glándulas sebáceas y, por lo tanto, la barrera protectora de la piel debilitada.

La cara y las manos son las zonas del cuerpo que más sufren las bajas temperaturas y los agentes externos asociados a estos días fríos, como el viento, los lavados frecuentes y el contacto con detergentes agresivos, los que hacen que la barrera epidérmica se vuelva más frágil y menos elástica, por lo que hay que protegerla porque el frío es un factor climático que afecta al ADN celular de la piel. Además, estas condiciones meteorológicas se convierten en el mejor caldo de cultivo para que se pongan de manifiesto problemas cutáneos como las rojeces, que suelen padecer las personas de piel sensible. Aunque en sus inicios no reviste más problemas que los puramente estéticos, los dermatólogos opinan que desde los primeros síntomas deben tomarse las medidas oportunas, porque en torno a los 35 o 40 años puede derivar en rosácea.

Las manos se enrojecen con el frío debido a que es una de las zonas donde existe un menor riego sanguíneo en épocas de frío. Además, estas carecen de glándulas sebáceas y esto va a disminuir la función barrera de tu piel. Por ello, se descaman y resecan con facilidad, por eso es importante utilizar cosméticos con activos con alto contenido en lípidos para esta zona y el uso de guantes para evitar los cambios bruscos de temperatura y la rotura de los capilares.

Los labios también sufren con el frio, estos al ser la piel tan fina se recienten mucho con los cambios de temperatura, por lo que se resecan y se agrietan con facilidad. Para evitarlo, se recomienda el uso de labiales hidratantes y si son con protector solar, mejor. Y, finalmente pies son otra parte del cuerpo que se ven afectados con el frio, ya que cuando se enfrían, significa que el suministro de sangre de la piel a las capas superiores se ha reducido para conservar el calor, lo que se traduce en unos pies más secos y con mala circulación.

Sequedad de la piel (grietas) es uno de los problemas más frecuentes y en ocasiones provoca dolorosas grietas en los talones, e incluso infecciones. La falta de hidratación y una mala transpiración son la causa y dan lugar a escozor e irritación, por lo que para evitarlo se recomienda hacer un masaje diario con crema hidratante y una exfoliación semanal. En el caso de sequedad extrema, es aconsejable aplicar vaselina, ponerse unos calcetines de algodón y dejar que ésta actúe toda la noche. Al día siguiente realizaremos la higiene de los pies como de costumbre y aplicaremos crema hidratante.

En consecuencia, las principales medidas y precauciones que se deben tomar para tener una piel saludable, es utilizar productos que cumplan principalmente las funciones de limpieza, hidratación y protección.  Actualmente, se estima que los mejores productos hidratantes son aquellos que dejan una finísima película protectora sobre la epidermis, y el tipo de emulsión más o cremas más idóneas para un producto hidratante es que, además de aumentar la humedad relativa de la capa córnea, debería tener en su formulación productos humectantes para prolongar el tiempo de contacto del producto con la misma.